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Año Nuevo en el Hemisferio Sur 2017

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En un rato más, 25 minutos después de la 0 horas, el día 21 de junio, celebramos el solsticio de invierno, la entrada del sol al signo de Cáncer, la noche más larga del año y el día más corto corresponde al año nuevo en nuestro Hemisferio Sur… el We Tripantu de nuestro pueblo mapuche que implica la muerte del año viejo y simultáneamente el nacimiento del nuevo año determinado por el regreso del sol. Se da inicio a un nuevo ciclo de producción, de conversación con la Tierra, es el tiempo de las lluvias más intensas y el tiempo de espera, cuando la naturaleza toda se prepara para acoger y colaborar con el portento maravilloso que significa el crecimiento de la nueva vida.wetripantu2015

Actualmente el pueblo mapuche celebra el We Tripantu la noche de San Juan, es decir el 23 de junio cada año. De la descripción del rito hecha por la Asociación de Profesores Mapuches Likan Mapu (Mapuches Urbanos) extraje algunos párrafos…

¿Cómo celebramos el Wetripantu?

Llegada la noche del 23 de junio después de las 22 horas se reúne (n) las familias en una casa que sea cómoda en espacio y tenga calefacción, de gas, cocina de leña, o fogón. Se van acumulando los alimentos: carnes de ave, chancho, vacuno o caballo; muday, mültrün, mürke, sopaipillas, tortillas, que serán consumidos por todos los asistentes. La persona que no sea capaz de consumir los alimentos servidos, tiene que llevarlos a su casa: la comida no se guarda, se reparte entre los asistentes.

Los adultos relatan hechos desconocidos de la familia a los miembros reunidos, Historias sobre el origen de la familias o sus descendientes, Se participa del conocimiento en general, se cuentan cuentos (epeu), se baila choike purrun, se toca la trutruka y el trompe.

En el período de epewun, que es antes de la amanecida, hombres, mujeres y niños e invitados concurren al río, vertiente o estero más cercano a bañarse y esperar la nueva salida del sol con el cuerpo y el espíritu renovado y limpio y sintiendo la fuerza de Dios. Gnechen, Elchen, Huenu Mapu Chaw, Wun Fücha, Wun Kuce, etc., son todos nombres que se le asignan a un creador único, el mapuche es un ser espiritual monoteísta y siempre lo fue. Se regresa a la casa tocando algun instrumento, luego por medio de un ritual muy específico se purifica el ambiente de la casa. Girando en círculo, partiendo del este y girando hacia la derecha para cerrar el círculo mirando al este, que se denomina puel. En este lugar la persona de mayor conocimiento invoca a las fuerzas benefactoras conocidas, dando gracias y reconociendo la presencia de la fuerza creadora en todos los elementos y con el corazón y la mente en profunda gratitud se espera la salida del sol por el PUEL MAPU (el este espiritual y físico).

wetripantu17Cuando el sol y la luz cubren el espacio visible se dice Akui We Tripantu (llegó el nuevo año) o también Wiñoi Tripantu (regresa la salida del sol) De esta manera en el amanecer del día 24 de junio se inicia otro ciclo de vida en el mundo mapuche y en la madre tierra. Durante el día continúan distintas actividades, según la región. Por lo general es un día de reencuentro, de armonización y equilibrio de las relaciones familiares.

ANUNCIO marzo

Taller de Astrología para principiantes

Taller de Cultura Astrológica

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La astrología es una disciplina milenaria, nacida al menos hace 5000 años atrás y que fue considerada una ciencia tanto en los albores de nuestra civilización como sólo hará unos 500-600 años atrás. Sin ir más lejos, K. G. Jung decía que la astrología es la madre de la psicología.

Sin embargo hoy, ¿qué es la astrología? algunos, particularmente nuestros detractores, creen que sólo se trata de una “mancia” o método de adivinación que utilizamos para sentir menos miedo o sentirnos más seguros en relación a nuestro futuro. No obstante, aunque en parte del camino de crecimiento de la astrología se desarrollaron métodos de predicción, a lo largo de los siglos, la naturaleza de las preguntas que el ser humano se hace respecto de sí mismo han ido cambiando y por lo tanto los métodos de las diversas escuelas de astrología también lo han hecho  para adaptarse a las condiciones cambiantes de nuestro mundo, de nuestra cultura, de nuestra educación y también de nuestras creencias.

Actualmente, muchos nos acercamos a la astrología para comprender el sentido y el propósito de nuestra vida. En oposición al pensamiento analítico que necesita desmenuzarlo todo, cada vez más, estamos mas necesitados de integración, de comprender lo que somos desde un pensamiento de síntesis, de una visión holística, de la comprensión de la interdependencia de la naturaleza, el ser humano y el cosmos.

La búsqueda de una interpretación holística de la astrología ha adquirido un impulso considerable las últimas décadas, de manera que hoy el enfoque que nosotros le damos a la astrología se asocia a toda la persona y no sólo a una parte de ella.

Carta Astral, Carta Natal u Horóscopo

La carta astral, natal u horóscopo, es el mapa de las posiciones de los planetas en el cielo y en la tierra, en un momento determinado, por eso le llamamos “natal” haciendo referencia al momento y espacio del natalicio de una persona.

clip_image005_0000En psicología astrológica, el método desarrollado por Bruno Huber (1930-1999), distinguimos las partes de la carta natal como si de un rompecabezas se tratara. Los planetas, que se corresponden con funciones psicológicas, toman su energía de los signos zodiacales (el cielo – lo que traemos con nosotros) y de las casas astrológicas (la Tierra – lo que adquirimos de nuestro entorno). Los planetas además, forman una configuración en el cielo según la distancia entre ellos. Estas distancias entre planetas son consideradas significativas y llamadas “aspectos” si cumplen con ciertas reglas.

En orden de estudiar todos estos elementos: planetas, signos, casas y aspectos, hemos diseñado un curso básico que llamamos Taller de Cultura Astrológica. Este curso, también tiene como objetivo hacerse una idea clara de los alcances de la astrología y su capacidad de diagnóstico psicológico cuando se estudia desde esa perspectiva, sin por ello dejar de lado algunos aspectos sobre la historia de la astrología y sus diferentes desarrollos.

Detalles sobre el Taller de Cultura Astrológica en: http://astro-psicologia.cl/cursos-de-formacion/cursos/  mientras que las fechas se encuentran en el botón de la agenda. Actualmente tenemos programados un taller en Limache y otro en Viña, escríbenos y te enviamos el programa completo:

 ANUNCIO marzo

ciclos de vida

La Crisis del Mediodía en el Reloj Vital

Hace unos años (2008), un par de investigadores[1] de la Universidad de Warwick en el Reino Unido y Dartmouth College en los EE.UU., llegaron a la conclusión de que la felicidad sigue una curva en forma de U de manera que la depresión más profunda se produce alrededor de los 44 años de edad, sin que ese periodo de baja se eleve significativamente durante varios años. El trabajo se basó en el análisis de más de dos millones de datos extraídos de 70 países y aunque como en toda investigación científica posteriormente aparecieron  detractores, es muy interesante para nosotros, psico-astrólogos capacitados en el Método Huber de Psicología Astrológica, constatar que esto es lo mismo que hemos sabido desde la década de 1980.Reloj

El “Reloj de la Vida” o método de la Progresión de la Edad es una técnica desarrollada por Bruno Huber en un intento de explicar cómo avanza el foco de la conciencia a través de las experiencias de vida. El punto de la edad (PE) es la manecilla del Reloj Vital inserto en nuestra Carta Natal. Esta manecilla avanza seis años por casa astrológica, partiendo desde el Ascendente y dando la vuelta completa en 72 años y re-iniciando en caso de vivir más años.

En nuestro método, utilizamos una curva de intensidad en el sistema de casas astrológicas que nos permite distinguir entre las zonas de alta y baja energía. El punto de menor energía le llamamos “punto de reposo” (PR) o el “punto valle” según traducción literal de talpunkt del alemán. Sabemos que en toda vida se dan momentos psíquicos y mentales bajos y también momentos altos, en los que parece que todo funciona perfectamente. Las oscilaciones se desarrollan con el ciclo de seis años y pueden medirse a través de esta curva de intensidad.

Zona casas aproxEn cada cúspide de casa astrológica tenemos la actividad máxima, luego sigue un descenso gradual hacia el punto de reposo que en términos prácticos se produce aproximadamente a 2/3 del tamaño de casa después de atravesar la cúspide. Tras ese momento de mínima actividad, la curva empieza nuevamente a ascender hasta llegar a la cúspide de la casa siguiente. Sin embargo considerando que los momentos altos y bajos no se dividen en forma tan tajante sino que comprenden un periodo de tiempo, decimos que el “año de reposo” se inicia tres años después de la cúspide, tiene su mínimo a los 3 años, 8 meses y 15 días y concluye al siguiente cumpleaños.

Casa 8

Si tomamos la casa 8, la casa escorpiana de la muerte y la transformación, la cúspide la alcanzamos con el Punto de la Edad a los 42 años, de manera que a los 45 años entramos al “año de reposo” y a los 45 años y 8 meses y medio alcanzamos el punto más bajo.

Este mismo cálculo se puede realizar en toda la carta natal que se recorre en 72 años, de manera que el punto más bajo de toda la vida resulta estar a los 44 años y medio. Por lo tanto el punto más bajo de toda la vida más o menos coincide con el punto más bajo de la octava casa.

desarrolloLa casa 8 se corresponde con la fase de transformación, procesos de muerte y renacimiento, así como obligaciones respecto al otro y a la sociedad. Esta fase que va de los 42 a los 48 años, se corresponde con lo que se designa “la crisis de los cuarenta”, o en palabras del psiquiatra suizo Carl G. Jung, la “crisis del mediodía o del solsticio” y cuyo inicio Jung sitúa entre los 35 y 40 años, entonces  aparece con una fuerza inusitada la pregunta por el sentido de todo cuanto se hace y ha hecho; y la sensación de vacío se generaliza. Es el momento en que las demandas del yo profundo, del selbst, se hacen sentir, pues hasta ese momento el centro de la vida lo ha tenido el ego, dice Recuero en su investigación junguiana[2].

Con frecuencia, dice Huber[3], el punto de reposo (de la casa 8) trae consigo las crisis y las sacudidas más masivas de toda nuestra vida. En este momento del reloj vital, ciertos aspectos –que hasta entonces tenían solidez – deben morir, lo que a veces llega de forma drástica; por ejemplo: cambio profesional, de pareja, de residencia, divorcio, etc.

Normalmente, la reacción natural en esta etapa es agarrarse a lo que tenemos, a lo que hemos logrado hasta entonces en nuestra vida. Nos obstinamos contra cualquier cambio porque buscamos la seguridad de nuestro comportamiento habitual porque nos ha dado resultado hasta ahora. EL Punto de la Edad por la casa 8 nos exige adaptarnos a la realidad y simultáneamente debemos crecer espiritualmente, si nos resistimos a ello tanto nuestra adhesión a la materia como a formas anticuadas y sin vida serán purificadas mediante pérdidas de todo tipo. En cierto sentido se nos quitará aquello que intentamos retener a toda costa, nuestro viejo mundo puede derrumbarse repentinamente sólo con el fin de que nazca un nuevo mundo. Tropezaremos con las estructuras determinadas por la sociedad en que vivimos, con sus leyes, normas y convenciones así como también con las leyes de la naturaleza: ¡descubriremos que no somos inmortales!

Los procesos de muerte y renacimiento de la casa 8 finalizan en una reorganización de la vida donde el impulso a la libertad y una nueva escala de valores empiezan a emerger oliendo ya la fase que pronto se avecina. Esta fase por lo tanto, consiste no sólo en que algo finalice sino también en que algo nuevo comience, lo que es muy importante de tener en cuenta durante la crisis, porque ello nos conduce a la cúspide de la novena casa.

“El Reloj de la Vida”, es el tema del que me tocará exponer en el 1º Congreso de Astrología en Chile, esto será el 7, 8 y 9 de noviembre en la Universidad del Pacífico. Mi participación será el 8 de noviembre a las 9:15. Mas información en: www.congresoastrologia.cl



[1] Blanchflower, D. G., & Oswald, A. J. (2008). Is well-being U-shaped over the life cycle? Social Science & Medicine, 66, 1733-1749.

[2] Recuero, M. A. (2007) Los Modelos terapéuticos de Carl Jung y de Carl Rogers. Ediciones Universidad Católica de Chile.

[3] Huber, L y B (1990) traducido del alemán (1980). El Reloj de la Vida. Ediciones Indigo.

gabo

EL GABO HA MUERTO. VIVA EL GABO.

el olor de la guayabaEl olor de la guayaba ya no está más… las conversaciones con Gabriel García Márquez ya solo pueden imaginarse. “El Gabo” ha muerto. Viva “el Gabo”.

Me viene a la mente el impacto que causó a mis 15 años “Cien años de soledad”, cuando leía voraz bajo las mantas de la cama cuando era hora de apagar la luz; pero ese recuerdo pasa a segundo plano cuando aparecen esos días que viajamos de Uppsala a Estocolmo para recibir a García Márquez, nosotros los latinoamericanos que nos sentíamos orgullosos del nobel como si todos participáramos de ese premio. Aunque el invierno estaba ad portas y ya había nevado, nuestra alegría era como de carnaval. Fidel Castro debe haberlo presentido porque nos premió enviándonos botellas de ron de la isla para todos quienes estábamos en el “Folket Hus”, deleitándonos con las bailarinas colombianas, la música y la palabra del escritor del realismo mágico… o poético, o doméstico… la magia de las palabras… como cuando mi mamá nos contaba las historias de sus tíos anarcos cruzando la cordillera… ¿habrá sido cierto? ¿O sólo era realismo mágico? De cualquier manera las botellas de ron escandalizaron a las “myndiheter” (autoridades) y al pueblo sueco y a nosotros nos calentaron el cuerpo.

premio novel gabo 2Esa tarde en Estocolmo, sabíamos que “el Gabo” era uno de los nuestros, y su premio se transformaba en un amplificador de la voz de los nuestros, particularmente en ese entonces cuando la patria estaba lejos y la empequeñecía la distancia y la destemplanza del tirano…

Gabriel_rxGabriel García Márquez nació un domingo, el 6 de marzo de 1927, a las 9 de la mañana según sus memorias, en Aracataca, Colombia. Su carta natal nos muestra que la soledad, tan presente en toda su obra, vivió con él desde sus primeros años con la Luna en la casa 12, tan apropiada para su creatividad con ese trígono a Neptuno y semi-sextil a Mercurio, formando una figura de búsqueda… de un ideal lejano que lo aprisiona en una suerte de nostalgia: “El amor en los tiempos del cólera”, o “El otoño del patriarca” o quizás “El coronel no tiene quien le escriba”… La imagen de su carta me hace pensar en muchas patas… que pueden ser las patas de un insecto, o alguien que tiene piernas largas y ágiles, quizás las piernas “principales” trotan hacia la derecha llevando encima un gran cargamento, como un chino cruzando un campo de arroz… los pies son alados, permiten entrar en las profundidades de la psique propia o de la humanidad (con Plutón y Neptuno al fondo) nutriéndose de símbolos arquetípicos, caminan por la tierra y se hunden en ella, en lo alto las pisadas son dirigidas por las impulsivas emociones y la brillante razón que no tienen otro modo de expresarse (Luna y Sol-Júpiter cercanos a puntos de reposo), sino a través de la genial palabra de Mercurio-Urano (muy cercanos a cúspide).

Sabemos muy bien que moriremos, quizás incluso cómo y cuándo, particularmente si adquirimos una de esas enfermedades terminales como un cáncer linfático… lo importante es como contamos nuestra historia, que hacemos con el tiempo que tenemos… la vida es la “Crónica de una muerte anunciada”…

La progresión de la edad en la carta de García Márquez nos indica que Plutón está activo en el día de su transformación última, el 17 de abril de 2014…  entonces el Gabo está vivo.

premio novel gabo

La soledad de América Latina

premio novel gabo 2Me tomo el atrevimiento de transcribir el discurso de Gabriel García Márquez cuando recibió el premio nobel en 1982, vistiendo de gala…

La soledad de América Latina

[Discurso de aceptación del Premio Nobel 1982. Texto completo.] Gabriel García Márquez

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.

La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.

Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.

De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega.

Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.

Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.

No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.

América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.

No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.

Un día como el de hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: “Me niego a admitir el fin del hombre”. No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.

Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.

En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. Muchas gracias.

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La Libertad del Autoconocimiento

Artículo en Bienestar y Salud

En la revista “Bienestar y Salud” de enero-febrero 2014, aparece un artículo titulado “La Libertad del Autoconocimiento” en la página 44, y trata sobre nuestra Psicología Astrológica. Lo pueden encontrar pinchando aquí. ¡Agradeceré sus comentarios!