Leo

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BAJO EL SIGNO DE LEO

Cruz Fija
Temperamento  Fuego

Casas 5/11
Eje de Relaciones

Temática:
La consciencia individual
frente a la consciencia de grupo

Regente Exotérico:Sol
Regente Esotérico: Sol

Pensamiento Semilla:
Yo soy ése, y ése soy yo

Mientras en Cáncer nos ocupamos de nuestros orígenes y descubrimos de dónde venimos, en Leo nos percibimos por primera vez como una individualidad.
Leo como signo de fuego, tiene que ver con la transformación y el desarrollo del yo. Ahora nos liberamos de la pertenencia a un colectivo y nos hacemos autosuficientes. Deseosos de conocer nuestra identidad, salimos al mundo en busca de experiencias.
Aprende a mejorar cada vez más la presentación y realización del yo.

Leo es el punto central del espacio vital que él mismo ha creado, es el ombligo del mundo, y con su irradiación personal dirige y conduce a los demás. Suele cultivar la actitud “el fuerte es más poderosos solo”, lo cual lo conduce a un cierto egocentrismo que lo lleva precisamente a la soledad.
Cada vez quiere más poder, influencia, prestigio, rango y posición de modo que en su solitaria torre empieza a sentirse aislado y excluido de la corriente de la vida.
A partir de ese instante comienza la conversión… y lo primero será derribar los muros que él mismo ha erigido a su magnífico alrededor, para finalmente pasar ser parte del Gran Todo bajo la influencia de grupo de Acuario, su signo opuesto complementario.

Autoconocimiento.

Lo básico en Leo es conocerse a sí mismo y a sus semejantes, y para Leo significa salir a aventurarse en el mundo para probar su yo. El león (o leona) se percibe a si mismo como si fuera el ombligo del mundo, o la razón por la que el mundo se mueve… a su alrededor naturalmente…  sobrevalorando su importancia aspira al reconocimiento de los demás, o al revés puede sentir autodesprecio. En realidad tiene que descubrir lo que es la autoconsciencia, y esta se muestra cuando se hace consciente de su propia fuerza interior, sabe cuál es su potencial creativo, el significado y propósito de su vida, y tiene un plan para lograrlo. Una autoconsciencia desarrollada supone la existencia de inteligencia, y de un cierto grado de percepción e integración.
El Sol, el planeta regente tradicional como esotérico, es el corazón de Leo que con su calor llega a sus semejantes, y le permite distinguir lo que verdaderamente es importante en la vida. Esta fuerza se mantiene en reserva hasta que llega el momento de emplearla.
El proceso de llegar a ser uno mismo, pasa por distintas etapas, y en cada una de ellas pareciera que se ha alcanzado el “éxito”… pero, error…  La identificación excesiva con su rol o sus magníficas máscaras y el “pavoneo”   característico provocan una constante lucha con los propios sentimientos de autoestima… si el orgullo gana la partida, Leo querrá mantener ese “yo aparente” engañando a todo el mundo incluyéndose a sí mismo e intentando salvar su imagen a toda costa…  con lo cual se aleja más y más de su verdadero yo, y termina buscando satisfacer la imagen de sí mismo más que a sí mismo. Los disfraces y máscaras no son fáciles de reconocer y es difícil desmantelar los falsos yo.
La experimentación en el encuentro con los demás, la participación en grupos (Acuario), el encuentro con otro, despierta el corazón de Leo. Con el corazón en su sitio Leo es capaz de mantener relaciones humanas en las que no persigue ni el poder ni la utilización sexual del otro sino que pretende dar y tomar al mismo tiempo… tiene que afrontar el riesgo del amor… necesario para la auténtica auto-experiencia.
La inteligencia debe unirse al amor y convertirse en la voz interior, la “razón pura” que nos guía. Así el amor a todo lo viviente crece en la misma medida que el amor hacia nosotros mismos. Leo es simultáneamente núcleo interno y entorno, como dice la frase semilla esotérica:

Yo soy ése, y ése soy yo.

 

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